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El creador de este tipo de señal fue el Padre Elías Valiña, que figura en primer lugar en la votación realizada en la página oficial del camino, para eligir a los diez personajes más importantes en la historia del Camino de Santiago. Como homenaje aparece publicado en la página oficial del Camino este artículo referente a su persona.

“El Camino de Santiago atrajo numerosos peregrinos hasta mediados del siglo XVI, pero ya en el XVII, la gente comenzó a olvidar al Apóstol y el número de devotos que llegaban a Compostela comenzó a disminuir de forma alarmante, y así continuó los siglos posteriores. Este retroceso tan fuerte de la peregrinación provocó además que los caminos se fueran abandonando por falta de uso.
Esta tendencia cambió a finales de los años 50 del siglo pasado gracias entre otros al Padre Elías Valiña, sacerdote de la parroquia lucense de Cebreiro, que impulsó la restauración del Hospital y Santuario de Santa María del Cebreiro, y renovó la tradicional acogida al peregrino.
Más tarde en los años 70, el Padre Valiña, comenzó a señalizar el Camino de Santiago, y tramo a tramo, fue marcando con flechas amarillas la ruta desde los Pirineos hasta Santiago, después de esta ardua labor, publicó la primera guía sobre el Camino, en los años 80. Lo curioso es que el color no fue una elección meditada, simplemente es que se la regalaron unos camineros que estaban pintando las líneas de las carreteras de la zona, pintura que por aquel entonces era de color amarillo".
La peregrinación comenzó a resurgir en los años 80 del siglo pasado, aunque su explosión se produjo en la década de los 90, con la celebración del Año Santo de 1993, el Xacobeo, una fiesta que se celebró por todo lo alto en España y con la que se quiso conmemorar una peregrinación que representaba el regreso no sólo a nuestras raíces sino a las de toda Europa.

Haremos referencia también a la mejor señalización, siempre que sea de día y esté despejado el tiempo: EL SOL.
El será nuestro guía a lo largo del camino; por la mañana temprano, nos dará en la parte izquierda de la nuca, a media mañana, en el brazo izquierdo y a la hora de ponerse, en la parte izquierda de la cara, pues el camino discurre en una línea casi perfecta de Este a Oeste.